La Ciudad de México tiene uno de los niveles más altos de emisiones atmosféricas toxicas en el mundo, principalmente
debido a los gases de escape de los vehículos privados. Tiene una de las concentraciones de automóviles más elevadas del planeta.
Los principales contaminantes que alteran la calidad del aire en lo México son el ozono, las partículas suspendidas totales
(PST), las partículas suspendidas con un diámetro menor a las diez micras, llamadas PM10, el monóxido de carbono, los óxidos
de nitrógeno, el plomo y el bióxido de azufre.
En la actualidad, el nivel de contaminación atmosférica es una factor crítico en la toma de decisiones sobre la forma de vida
de los habitantes de las grandes urbes. Aunque se tiene conocimiento de que la contaminación produce efectos adversos en las
vías respiratorias.
Aunque las enfermedades respiratorias en los habitantes de la ciudad de México han aumentado con la contaminación atmosférica.
Los altos índices de contaminación se asocian con otros malestares que no remiten al aparato respiratorio, como dolor de cabeza,
náuseas, somnolencia, etc. Estos síntomas denotan una clara influencia de los contaminantes del aire en el cerebro.
Los contaminantes atmosféricos son gases que interaccionan fácilmente con otras moléculas por lo que, al entrar en contacto
con el tejido respiratorio, inmediatamente reaccionan y activan mecanismos de defensa que no permiten que se transporten ni
se absorban.
Para
llegar al cerebro, el contaminante debe traspasar la barrera pulmonar, transportarse por la sangre y luego cruzar la barrera
hematoencefálica.